alimentación consciente y ecológica

el blog de Anna Piqué

PRECIO O VALOR

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Mejor negocio… a largo plazo

Comer sano, natural y biológico es realmente más económico.Los medios de comunicación oficial y también muchos consumidores opinan que una alimentación sana a base de productos naturales y biológicos es un lujo reservado solamente a una pequeña minoría. Nada más lejos de la realidad: una alimentación ecológica es menos costosa que la alimentación actual del ciudadano medio.Como es sabido, los productos no son más caros o baratos en abstracto, sino que se miden por la relación calidad/precio. Es cierto que los productos no refinados procedentes de la agricultura ecológica son más caros que los de cultivo intensivo, pero eso es más aparente que real. Lo que nos ahorramos por una parte, luego nos lo gastamos con creces por otra (medicamentos e impuestos). Por otro lado los productos ecológicos encierran mucho más valor nutritivo que los de cultivo con fertilizantes y pesticidas.Hay que tener presente que los productos derivados de la agricultura intensiva no llevan cargado en el precio el coste ecológico y sanitario que ocasiona su producción y consumo, que en la actualidad es enorme. Estos costes, en cambio, los pagamos aparte a través de los impuestos públicos destinados a reducir el impacto medioambiental y también a través de los gastos médicos y farmacéuticos anuales con los que se enfrenta sanidad (en España son tremendos) como consecuencia de los crecientes problemas de salud derivados de la ingestión de productos alimenticios cada vez más tóxicos y deficientes.La economía global y sus productos convencionales no internalizan los costes ecológicos. Es decir, que los daños medioambientales y de salud pública que conlleva la utilización de plaguicidas, fertilizantes químicos, monocultivos industriales, antibióticos y hormonas en el ganado, condiciones de estabulacióninfrahumanas, aditivos y colorantes, etc… no los satisfacen los productores. Y por si esto no fuera suficiente, las administraciones protegen descaradamente con fondos públicos la agricultura intensiva. ¡Por cada euro que va a parar a la agricultura ecológica, la agricultura intensiva recibe 95! Y todo esto sin contar con los gastos de avales ecológicos que tiene de más y del coste superior de su producción.

En vez de pagar más impuestos los que contaminan más, tenemos que pagar los que optamos por esta opción sana por todos porque el superior coste de elaboración, producción y distribución acaba repercutiendo en el precio final. ¡Deberían pagar los que realmente ensucian el planeta y nos enferman a todos!

Hoy en día sabemos que una parte de las altísimas tasas de cáncer que se dan en nuestra sociedad tienen que ver con la utilización de herbicidas y pesticidas que llegan al consumidor a través de alimentos de todo tipo. Además, estas corporaciones tienen unos márgenes de negocio mucho más superiores que el pequeño y mediano productor y envasador de toda la cadena de los productos ecológicos.

Por otra parte, el precio de un kilo de alimento no nos dice nada relevante, todo depende de lo que contiene cada kilo. Por ejemplo, una manzana de 200 gramos puede abastecer entre un 3 y un 20% de nuestras necesidades diarias en vitamina C según la cantidad de agua y fertilizantes utilizados. Desde una visión general, el valor en elementos nutritivos – materia seca, vitaminas y oligoelementos – de las frutas y verduras ecológicas es altamente superior a las mismas obtenidas mediante la agricultura intensiva. Una manzana golden, cultivada con gran cantidad de fertilizantes, no aporta más de un 10% de materia seca, mientras que una cultivada ecológicamente puede contener hasta el 20%, es decir, dos veces más por kilo. Por lo tanto sería del todo normal pagar el doble por dichas manzanas, pues sería suficiente comer la mitad para conseguir el mismo valor nutritivo, sin contar además con un sabor incomparablemente superior ¡y la ausencia de tóxicos! La harina integral, por ejemplo, aporta un 25% más de proteínas que la blanca y de 2 a 3 veces más sales minerales y vitaminas.

Como consecuencia de todo ello, al cambiar de hábitos alimentarios, al mismo tiempo que mejoramos nuestra salud y la del planeta, también gastamos menos. Al adoptar otro modelo de alimentación más sano, natural y equilibrado reducimos los gastos del médico y la farmacia, pero también de la carnicería, charcutería y el colmado o el supermercado convencional.

Los cereales, las verduras, las frutas y las legumbres secas son la base de una alimentación sana, natural y completa. Estas cuatro categorías de alimentos han constituido la base de la alimentación humana durante miles de años. Son alimentos de bajo coste y bien equilibrados que pueden abastecer de todo lo que necesita el organismo humano. 150 gramos de cuscus, arroz integral, de mijo, de avena, centeno u otro cereal mezclados con 30 gramos de judías, guisantes, lentejas o garbanzos, contienen tanta cantidad de proteínas y mucho más de magnesio y oligoelementos que 150 gramos de carne y mucha menos cantidad de materia grasa saturada (aunque esto da pie a otro articulo) ¡Y el precio es de 4 a 5 veces menor!

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